Sócrates, la democracia, la demagogia, los médicos, los confiteros y la siempre peligrosa estupidez

Estamos acostumbrados a pensar positivamente en la democracia y, por extensión, en la antigua Grecia, la civilización que la originó. El Partenón se ha convertido casi en sinónimo de valores democráticos, razón por la cual no hay líder democrático que pase por Atenas y no sea fotografiado en frente de sus ruinas

 

Es por ello que la gran mayoría de la población desconoce y los que lo conocen se sorprenden al descubrir que uno de los grandes logros de la Antigua Grecia, la Filosofía, desconfiaba mucho de su otro gran logro, la Democracia. En los diálogos de Platón, el padre fundador de la filosofía griega, Sócrates, es retratado como enormemente pesimista sobre la idoneidad y lo justa que es la democracia como sistema político. En el Libro Seis de La República, Platón describe a Sócrates entablando conversación con un personaje llamado Adeimantus y tratando de hacerle ver los defectos de la democracia comparando una sociedad con un barco. Si se dirigiera a un viaje por mar, pregunta Sócrates a Adeimantus:
-¿Quién le gustaría que decidiera a quién poner a cargo del barco? ¿Querría que cualquier persona lo pudiera escoger o querría que esa decisión la tomasen personas con conocimiento sobre el mar y educadas en las reglas y exigencias de la navegación marítima?.
-Sin duda alguna lo ideal es que esa decisión la tomasen personas que conozcan el mar y estén educadas en las reglas y exigencias de la navegación marítima, responde Adeimantus.
a lo que Sócrates añade:
-¿Por qué entonces seguimos pensando que cualquier anciano o persona sin formación alguna debería ser apta para juzgar y escoger quién debería ser el gobernante de un país?.
Desde la perspectiva de Sócrates votar en una elección es una habilidad, no una intuición aleatoria. Y como cualquier habilidad, debe enseñarse sistemáticamente a las personas. Dejar votar a la ciudadanía sin conocimiento ni educación es tan irresponsable como ponerlos a cargo de un trirreme que navega hacia Samos en medio de una tormenta. Además el propio Sócrates tendría una experiencia catastrófica como consecuencia de otorgar el poder de decisión a personas sin conocimientos ni formación. En 399 a. C., el filósofo fue juzgado por cargos falsos de corromper a la juventud de Atenas. Se invitó a un jurado de 500 atenienses a sopesar el caso y se decidió por un estrecho margen que el filósofo era culpable. Fue condenado a muerte por cicuta en un proceso que para muchos eruditos, fue tan trágico e injusto como lo fue la condenación de Jesús para los cristianos.

A pesar de este tipo de afirmaciones, Sócrates no era elitista en el sentido normal. No creía que unos pocos solo debían votar. Sin embargo, insistió en que sólo aquellos que habían pensado en las cuestiones de forma racional y profunda deberían poder votar. Hemos olvidado esta distinción entre una democracia intelectual y una democracia por derecho de nacimiento. Hemos dado el voto a todos sin relacionarlo con la sabiduría necesaria para ejercer ese derecho al voto de manera coherente y lógica, y Sócrates sabía exactamente a dónde conduciría eso: a un sistema que los griegos temían sobre todo, la demagogia que proviene de d?mos (el pueblo) y ag?gos (líder). Y la antigua Atenas, tuvo una experiencia dolorosa con los demagogos, por ejemplo, la desgarbada figura de Alcibíades, un rico y carismático hombre que con su habla suave y pausada erosionó las libertades básicas y ayudó a empujar a Atenas a sus desastrosas aventuras militares en Sicilia. Sócrates sabía con qué facilidad las personas que se presentaban a las elecciones podían explotar especialmente a las personas sin educación ni conocimientos simplemente endulzando sus oídos con lo que les gustaría escuchar eliminando así la necesidad de tener que desarrollar, explicar y razonar su plan de gobierno ante personas educadas, instruidas y que han adquirido los conocimiento necesarios como para decidir racionalmente a quien votar. Y para visualizar la situación, Sócrates nos pide que imaginemos un debate electoral entre dos candidatos, uno es médico y el otro el dueño de una confitería.
El dueño de la confitería diría de su rival: Mira, este médico cada siempre nos dice que tenemos que cuidarnos y llevar una vida sana, nos da unos remedios que son horribles y nos dice que no comamos ni bebamos todo lo que queremos que es malo, cuando yo os voy dejar comer y beber todo lo que queráis y además serviré banquetes acompañados con los deliciosos dulces para que comais hasta hartaros.
Sócrates nos pide que consideremos la respuesta de la audiencia:
¿Crees que los votantes le dejarían al médico responder de manera eficaz algo como: "Te doy malas noticias y esos remedios nada sabrosos en el único objetivo de ayudarte a que tengas una mejor salud y vivas más y mejor a la larga" o la simple promesa del confitero de ofrecer banquetes y dulces si sale elegido hará que los votantes que carecen de conocimientos de alimentación y salud simplemente ni se planteen ni se les pase por la cabeza votar al médico? si estos fuesen mayoría el sistema democrático estaría premiando a la opción demagógica y la peor para los propios votantes a largo plazo. El error está en que hemos preferido pensar en la democracia sistema político inequívoco, en lugar de como un proceso que sólo es tan efectivo como el sistema educativo que lo rodea.
Como resultado, en las elecciones democráticas han salido elegidos como gobernantes muchos propietarios de confiterías y muy pocos médicos.
Deterioramos tanto la salud individual de los ciudadanos, que a larga pagarán los excesos ofrecidos por el confitero, como la salud financiera del estado, al cargar en sus cuentas unos banquetes y dulces innecesarios además de tener que soportar en un futuro unos gastos en salud mucho mayores a medida que sus ciudadanos vayan desarrollando los problemas de salud consecuencia de los excesos.
Tenemos a los irresponsables de los confiteros como únicos beneficiados, con sus dulces batiendo records de facturación, con la garantía de que el estado les va a comprar y pagar todos los dulces y con la esperanza de poder todavía ganar alguna que otra reelección confiando en que la estupidez de los electores les siga cegando y no vean más allá de los dulces gratis........sólo cuando la mayoría de los votantes relacione directamente los problemas de salud de los ciudadanos, el deterioro en la salud financiera del estado y el enriquecimiento de los confiteros con su estúpida decisión de votar en base a dulces gratis elegirán a los médicos, unos médicos que intentarán con paciencia curar la enferma salud financiera del estado y la salud de sus ciudadanos pero que probablemente no podrán terminar si su plan no está acompañado con educar a los votantes pues sin educación la estupidez reaparecerá y con ella los confiteros sin escrúpulos dispuestos a sacar provecho.

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Comentarios
  • Ignacio
    Ignacio Banned
    Agregado

    muy buen artículo, me haces recordar mis lecturas de platón. gracias por compartir.